Los motores de competición viven rápido y mueren jóvenes. Mientras un coche de calle puede superar tranquilamente los 200.000 kilómetros con un mantenimiento razonable, algunos motores de carreras necesitan revisiones completas tras pocas horas de uso extremo. Sí, pocas horas. Bienvenido al mundo donde la fiabilidad se negocia directamente con la potencia.
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